20.5.16

Mujer de mirada perdida

"Mirada perdida en el museo"(II). 
Bolígrafo, cuaderno de apuntes. 16,4x12 cm. 
2016.

 A veces el gesto, la mirada, la expresión en el rostro de una persona, el juego casual de luces, el momento incluso, me resulta realmente atractivo de plasmar. Es lo que yo suelo llamar "gente retratable".
En la pequeña distancia que separa un cuadro de otro dentro de un museo, y para resetear mi vista de cara a contemplar la siguiente pintura, mis ojos divagaron entre el resto de turistas y gente que recorrian las salas. Mi vista se posó en esta señora, completamente vestida de blanco, a la cual iluminaba además uno de los focos de luz del techo.
Continué el recorrido del museo hasta llegar a la sala circular y sin salida en la que se encontraba ella, donde se mostraba parte de la obra pictórica de Goya, con lo que hubo un momento en que la mujer llamaba definitivamente más mi atención. En ese momento, ella pedía permiso a los seguratas de la sala que la dejasen sentarse en la silla vacía que normalmente es ocupada por uno de ellos, en un rincón.
La mujer seguía como abstraída (bueno, en esa sala no es muy dificil) pero haciendo como que me interesaba uno de los retratos de Carlos IV, pude acercarme y contemplarla mejor. Su expresión era tan melancólica que me daba como mucha ternura y tristeza a la vez. La cuestión es que no sabré nunca si mi impresión sobre lo que sentía esa señora era acertada o no, porque me marché en seguida, casi de forma mecánica, a continuar el tour por el museo.
Más tarde, tomándonos un café a la salida, olvidada ya la anécdota, me percaté de que la misma señora estaba sentada tras de nosotros, de nuevo mirando a un punto fijo, a lo lejos, como con nostalgia. Lo ví como la señal perfecta, y como en muchas otras ocasiones, usé a mis amigos como conejillo de indias para poder sacarle una foto de strangis (gracias Org) e inmortalizarla en un dibujo.
Desde luego, casual o no, me encanta que se haya convertido en uno de los recuerdos de mi visita al museo, junto a postales y separadores de libros varios. No sé, será por lo absorbido que estaba de lo mágico de la visita que ya todo me parecía especial y digno de mencionar. Ví necesario pues, explicar el por qué de este dibujo, que a simple vista puede parecer un retrato más.

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